Los tratamientos GLP-1 están transformando los hábitos de consumo y planteando nuevos retos para la industria alimentaria. Descubre cómo cambian las necesidades del consumidor, la formulación y la estrategia de portfolio, y qué papel juegan la IA y el análisis sensorial en este nuevo escenario.
La industria alimentaria está entrando en una etapa en la que salud, tecnología y comportamiento del consumidor están cada vez más conectados. El crecimiento de los tratamientos GLP-1 está acelerando esta transformación y plantea nuevas preguntas para las empresas de alimentación y bebidas: ¿cómo están cambiando los hábitos de consumo?, ¿qué esperan ahora los consumidores de los productos? y, sobre todo, ¿cómo puede la industria anticiparse a estos cambios?
El escenario fue uno de los ejes de la intervención de Maha Tahiri, Co-Founder & CEO de S2BGroup, en ftalks Food Summit Valencia 2026. Bajo el título “How AI, GLP-1, and Health Are Rewriting the Food Industry”, Tahiri, con experiencia profesional en compañías como General Mills, Coca-Cola, Danone y Mars, planteó una lectura del impacto que los GLP-1 y la inteligencia artificial pueden tener sobre el futuro de la industria alimentaria.
Para explicar la dimensión del fenómeno, Tahiri recurrió a una imagen contundente: un tsunami. Su planteamiento parte de una idea sencilla: los efectos de los GLP-1 van más allá del ámbito farmacéutico y pueden terminar modificando comportamientos a lo largo de toda la cadena alimentaria.
Uno de los primeros cambios aparece en la propia relación con la comida. Según expuso durante la sesión, los usuarios pueden ingerir un menor volumen de alimentos y recurrir a porciones más pequeñas, al tiempo que cambian sus hábitos de compra. A esto se suma una mayor atención a las etiquetas, la búsqueda de determinados nutrientes y una compra más intencional.
La cuestión para la industria está en detectar esas transformaciones antes de que se conviertan en una señal evidente en las ventas. El comportamiento de un mercado puede empezar a cambiar mucho antes de que aparezca reflejado en los indicadores comerciales, a medida que evolucionan las preferencias, los hábitos de compra o la relevancia de determinadas categorías.
En este nuevo escenario aparece un perfil que Tahiri define como “consumer-patient”: una persona que ocupa simultáneamente el espacio de consumidor y paciente.
La diferencia es relevante. Este consumidor no se limita a elegir productos por sus características habituales, sino que puede incorporar a sus decisiones cuestiones relacionadas con la salud, la composición nutricional o sus necesidades específicas. También busca información de forma activa y, según los datos presentados durante la ponencia, sus decisiones pueden extenderse al resto del hogar.
Tahiri puso el foco precisamente en este efecto familiar. En determinados hogares estadounidenses, explicó, el usuario de GLP-1 puede asumir un papel relevante en las decisiones sobre qué alimentos se compran para toda la familia. El cambio, por tanto, no tiene por qué quedarse en el comportamiento individual.
La industria se encuentra así ante un consumidor que llega al supermercado con más información, más preguntas y unos criterios de elección diferentes. Para las compañías de alimentación, esto plantea la necesidad de comprender no solo qué productos gustan, sino qué atributos se buscan, qué necesidades están detrás de la elección y cómo evolucionan las preferencias entre diferentes perfiles de consumidores.
Los cambios en los hábitos de consumo también abren un debate sobre el desarrollo y la formulación de alimentos.
Una de las cuestiones planteadas durante la sesión fue la necesidad de responder a nuevos requerimientos relacionados con proteínas, fibra y micronutrientes, al mismo tiempo que evolucionan las expectativas del consumidor. Aquí aparece lo que Tahiri denominó “formulation ceiling” o techo de formulación: los límites que pueden surgir cuando se intenta modificar el perfil nutricional de un producto manteniendo las características que espera el consumidor.
La formulación adquiere así una nueva complejidad. No se trata únicamente de añadir o reducir determinados componentes, sino de entender hasta dónde pueden llegar esos cambios y cómo encajan con las expectativas de quienes consumen el producto.
Tahiri también introdujo otro elemento relevante: las expectativas de sabor pueden cambiar en determinados consumidores. Es una observación que abre una pregunta de especial interés para la innovación alimentaria: cómo evolucionan las preferencias cuando también están cambiando las necesidades y los hábitos de consumo.
El impacto de los GLP-1 puede extenderse también a las decisiones de portfolio. Si las necesidades evolucionan, las empresas pueden encontrarse ante consumidores con expectativas diferentes y nuevas ocasiones de consumo.
Durante su intervención, Tahiri describió un recorrido por distintas etapas en la experiencia del consumidor-paciente, desde el inicio del tratamiento hasta fases posteriores. Para ilustrarlo, estableció paralelismos con categorías como la alimentación infantil o la alimentación para mascotas, donde las necesidades cambian y las propuestas de producto se adaptan a diferentes momentos.
La comparación sirve para plantear una cuestión de fondo para la industria: ¿qué productos mantendrán su relevancia cuando cambien las necesidades y los hábitos de consumo?
Las ventas pueden mostrar que algo está ocurriendo, pero no necesariamente explican las razones. Cuando una categoría pierde frecuencia o un producto deja de ocupar el mismo espacio en la cesta, entender qué hay detrás de ese cambio se convierte en una cuestión estratégica.
Si los GLP-1 están modificando determinados comportamientos de consumo, la inteligencia artificial está cambiando la forma en la que los consumidores buscan respuestas.
Este fue el segundo gran eje de la intervención de Tahiri. El cambio que plantea es especialmente relevante para las marcas: el consumidor ya no tiene que limitarse a buscar información sobre un producto o una compañía. Puede formular directamente una pregunta a un modelo de IA y recibir una recomendación.
La diferencia parece pequeña, pero tiene implicaciones importantes para la industria. Las marcas necesitan que la información sobre sus productos sea accesible, consistente y suficientemente completa para formar parte de ese nuevo ecosistema de respuestas.
Y los usuarios de GLP-1 ya están utilizando estas herramientas para resolver dudas relacionadas con la alimentación. Durante la sesión, Tahiri mostró el ejemplo de una consulta sobre yogures altos en proteína y bajos en azúcar disponibles en Canadá, en la que la IA generaba una selección de productos. También señaló que este tipo de respuestas pueden cambiar dependiendo del país.
La consecuencia para las empresas es clara: parte de la decisión de compra puede producirse ahora en un espacio en el que la marca no controla directamente la conversación.
Las dos tendencias planteadas durante la ponencia convergen en un mismo desafío para la industria alimentaria: entender cómo está cambiando el consumidor.
Los GLP-1 pueden modificar hábitos, necesidades y criterios de elección. La IA, al mismo tiempo, está transformando la forma en que los consumidores buscan información y toman decisiones. Juntas, ambas tendencias obligan a mirar más allá de los indicadores tradicionales.
Para las empresas de alimentación y bebidas, esto implica combinar información de mercado con un conocimiento más profundo del comportamiento y las preferencias de los consumidores. También significa detectar qué atributos mantienen su relevancia, cuáles pierden peso y cómo responden diferentes perfiles ante los productos.
La lectura de Tahiri apunta, en definitiva, a una industria que tendrá que adaptarse a un consumidor más informado, con nuevas necesidades y con acceso a herramientas capaces de influir directamente en sus decisiones.
Y ahí surge una cuestión especialmente relevante para la innovación: ¿cómo pueden las empresas convertir todo ese cambio en conocimiento accionable sobre sus propios productos?
Es en este punto donde entra la Inteligencia Sensorial de Sensesbit.
Si están cambiando los hábitos, las necesidades y las expectativas del consumidor, las empresas necesitan herramientas que les permitan entender cómo evolucionan sus preferencias y qué impacto tienen esos cambios sobre sus productos.
En Sensesbit ayudamos a las empresas de alimentación y bebidas a transformar los datos de análisis sensorial en información accionable para la toma de decisiones. La plataforma permite analizar cómo responden diferentes perfiles de consumidores ante un producto, identificar los atributos que influyen en su aceptación y detectar diferencias entre segmentos.
En un contexto como el de los GLP-1, este conocimiento puede apoyar decisiones de innovación y desarrollo de producto, reformulación y gestión de portfolio. También puede ayudar a detectar cambios en aceptación y preferencias que todavía no son evidentes en los indicadores comerciales.
El objetivo es avanzar un paso más: pasar de saber que el mercado está cambiando a entender qué está cambiando en el consumidor y qué significa ese cambio para tus productos.
Es en este punto donde entra la Inteligencia Sensorial de Sensesbit. Si están cambiando los hábitos, las necesidades y las expectativas del consumidor, las empresas necesitan herramientas que les permitan entender no solo si un producto gusta o no, sino cómo está cambiando la propia experiencia de consumo.
En el contexto GLP-1, variables como el sabor, la intensidad sensorial, las texturas o la evolución de la percepción durante el consumo pueden adquirir una relevancia especial. Y hay dos conceptos que creemos que van a ser fundamentales en el desarrollo de nuevos productos: satiation y satiety. Aunque a menudo se utilizan de forma indistinta, no significan exactamente lo mismo. Satiation está relacionada con el proceso que conduce a terminar una comida o dejar de consumir un producto, mientras que satiety hace referencia a la sensación de plenitud que permanece después y retrasa el siguiente episodio de ingesta.
Esto abre un campo enorme para el análisis sensorial: ¿qué sabores y texturas funcionan mejor para estos nuevos perfiles de consumidores?, ¿cómo cambia la percepción a medida que se consume un producto?, ¿qué atributos contribuyen a una experiencia satisfactoria con porciones más pequeñas?, ¿cómo podemos incorporar la percepción de satiation y satiety al desarrollo y validación de nuevos alimentos?
En Sensesbit ayudamos a las empresas de alimentación y bebidas a transformar los datos de análisis sensorial en información accionable para responder a este tipo de preguntas: analizar cómo reaccionan distintos perfiles de consumidores, identificar qué atributos sensoriales influyen en su aceptación y detectar cambios que todavía no son evidentes en los indicadores comerciales.
Y estamos dando un paso más. En Sensesbit estamos desarrollando un framework específico para abordar el impacto de GLP-1 desde la perspectiva sensorial, integrando sabor, textura, percepción durante el consumo, satiation y satiety. Un framework que compartiremos muy pronto.
Porque ante el reto GLP-1 no se trata únicamente de reformular nutricionalmente los alimentos. Se hace especialmente relevante entender cómo va a cambiar la experiencia sensorial de comer.
Si estás trabajando en nuevos productos, reformulación o estrategia de portfolio, Sensesbit puede ayudarte a convertir tus estudios sensoriales en conocimiento útil para decidir con mayor confianza. 👉 Habla con nuestro equipo y descubre Sensesbit.
Puedes ver la ponencia completa aquí.