El Reto
Exportar no es solo traducir etiquetas. Cuando se trata de alimentos con fuerte carga emocional y cultural como el caldo, el mayor reto es conservar su esencia sin que el consumidor de otro país lo perciba como “extraño” o artificial.
Esta marca tradicional, muy consolidada en su país de origen, se preparaba para entrar en nuevos mercados europeos y latinoamericanos. Querían saber si su receta —equilibrada, con sabor a cocción lenta— transmitía esa misma sensación de “hecho en casa” en culturas con otras referencias gastronómicas.
La Solución
Se implementó un benchmark sensorial internacional, con:
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Prueba de aceptación en 3 mercados objetivo con consumidores locales
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Evaluación de atributos clave que definen el sabor casero: intensidad del caldo, aroma natural, textura, sensación de cuerpo
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Comparación frente a competidores locales en cada país
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Análisis de diferencias culturales en percepción de lo “casero”
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Dashboards multilocales para priorizar ajustes sin romper el ADN del producto
Los Resultados
El análisis reveló diferencias sutiles pero importantes: en algunos mercados, la baja salinidad se percibía como falta de sabor; en otros, el aroma tostado típico del sofrito inicial no se asociaba con lo “casero”, sino con productos procesados.
Esto permitió a la marca:
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Realizar ajustes selectivos para cada mercado sin cambiar la receta base
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Evitar reformulaciones completas o relanzamientos innecesarios
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Alinear sus claims locales con las expectativas culturales de cada país
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Reforzar la propuesta de valor internacional desde datos sensoriales reales
El resultado fue una expansión más segura, con una experiencia sensorial coherente y adaptada que respetaba lo que hace especial a este caldo… sin asumir que todos lo perciben igual.